Las preocupaciones y tareas cotidianas impiden a menudo destinar tiempo a un acuerdo respecto de la visión y misión de la empresa. O a reflexionar sobre los valores, o a diseñar un modo de toma de decisiones que sea a la vez práctico y participativo.

"Algo 'hecho' es mejor que algo 'perfecto'". La frase es de Sheryl Sandberg, la mítica COO de Facebook. Sí, del monstruo de Silicon Valley, pero pocas cosas calzan mejor para una empresa de familia.

Veamos un ejemplo. Alberto, uno de los fundadores, enfermó gravemente y Patricio, uno de sus hijos, anunció: "Yo no tengo interés en seguir. Si papá no vuelve, voy a vender mi parte a la mejor oferta".

Semejante anuncio, dicho con tono amenazante, sumó más angustia a Vanessa y Rodolfo, hermanos de Alberto y co-fundadores.

Lo urgente y lo necesario

Las preocupaciones y tareas cotidianas impiden a menudo destinar tiempo a un acuerdo respecto de la visión y misión de la empresa. Total, estamos creciendo, y esas cosas las vamos charlando – es la frase típica.

Pero ese "las vamos charlando" suele no llegar nunca. Y lo que puede surgir es una auténtica pesadilla.

Ahora bien, ¿qué es urgente y qué necesario? La venta, la producción y la cobranza lo cubren todo. ¿Pero cuándo hay tiempo para la planificación estratégica, o el cambio en la comunicación entre los dueños, o fijar un mecanismo de salida si un socio quisiera retirarse?

Porque, en esas cuestiones, no peligran los números del mes, sino el gobierno mismo de la organización. O su propia existencia.

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