Basadas en la confianza, la división de roles y la organización, las empresas familiares buscan alternativas para superar la tercera generación, aunque el primer objetivo es lograr acuerdos para permanecer hoy y no hundir el sueño de quienes las fundaron.

(Por Elena Yrrazabal) Las empresas familiares son tesoros que nacieron gracias a la idea o a la necesidad laboral de un antepasado, bisabuelo, abuelo, padre o tío y luego comenzaron a formar parte de la vida cotidiana de las generaciones venideras. En la actualidad estas empresas son el motor de la economía, mundialmente aportan el 50 por ciento del Producto Bruto Interno (PIB) de los países. Además, el 80 por ciento de los estudiantes terminan trabajando en una empresa familiar.

"El gran desafío de las empresas familiares es reunir las tradiciones con el desarrollo histórico, las innovaciones y el saber académico" afirma el Dr. Leonardo J. Glikin, abogado egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1977, quien hoy se desempeña como Consultor en Planificación Patrimonial y Sucesoria de empresas familiares.

Desde su perspectiva los principales desafíos en una empresa familiar ocurren cuando tienen que dialogar padres, abuelos e hijos, dado que cuando los hijos egresan de la universidad con una formación, además tienen una convicción de que saben hacer las cosas. "Hasta que se dan la nariz contra la puerta" dice el abogado entre risas y aclara "los padres tienen que tener la paciencia necesaria para poder aceptar e incorporar a la empresa el saber de los jóvenes, sin perder de vista la experiencia, que es una parte primordial de una empresa familiar".

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