Ámbito.com – Enero 2021
"La primera generación la funda, la segunda la expande, la tercera la funde". A pesar de ser casi trillada, no podemos dejar de mencionar esta definición sobre las empresas de familia y las generaciones. Porque las estadísticas la respaldan: de los fundadores a la segunda generación, la tasa de supervivencia de las empresas familiares es baja, pero al menos su porcentaje alcanza los dos dígitos. Sin embargo, en el pasaje a la tercera camada, cuando son los nietos quienes se harán cargo, los casos exitosos son ínfimos.
Veremos entonces los cuatro desastres que suelen estar detrás de esta alta tasa de fracasos.
Los hijos de los fundadores suelen ser obligados por sus padres a unirse a la empresa. Esta ley no escrita, cuando pasa el tiempo y esos hijos crecen para convertirse en padres o madres, suele generar la reacción contraria. A sus propios hijos les dan libertad absoluta. Pero si esas nietas y nietos no pueden prosperar en sus caminos individuales, el mensaje implícito es que siempre en la firma familiar habrá un puesto para ellos.
Las familias suelen multiplicar sus integrantes a mayor ritmo que las empresas expanden su facturación. Así, mientras están sólo los hijos de los fundadores, la cosa va creciendo acompasada, pero luego suele haber una progresión geométrica. Si se recarga el organigrama hasta el infinito, el final se acerca.
Otra cuestión típica es que cada linaje de la familia continúa en la misma área de gestión. Así, si el hijo del medio del fundador está en marketing, sus hijas e hijos también reinarán ahí. De este modo, la tercera generación carece de una visión más general de la organización.
Que alguien sugiera un sistema de rendición de cuentas en una empresa de familia puede verse casi como un insulto a la memoria de los ancestros. Sin embargo, de este prejuicio surgen los peores vicios de malgasto, desorden, rivalidades sin comparaciones confiables y peleas entre áreas.
¿Acaso hemos hecho la crónica de una muerte anunciada? Creemos que no. Porque conocer a tiempo estos riesgos nos permite prevenirlos, y tomar además las acciones necesarias para lograr empresas sólidas y duraderas, capaces de perdurar a lo largo de las generaciones.
(*) Director de CAPS Consultores (www.caps.com.ar); director del Programa de Empresas Familiares de Universidad Torcuato Di Tella.